De la arquitectura a las redes: La ayuda en un mundo de geometría variable
Autor : Minouche Shafik
Fecha : 19 June 2009
Reseña: A pesar de la contracción económica, el sector del desarrollo vive un momento de expansión y fragmentación con la incorporación a este campo de un creciente número de actores nuevos. Esto sucede en medio de un panorama de cambios más amplios en la gobernanza mundial, con nuevas alianzas que surgen con el objeto de resolver diversos desafíos mundiales, como la pobreza o el cambio climático. Todas las organizaciones de desarrollo han de encontrar su propio hueco en esta arquitectura de mayor complejidad, mientras que los países en vías de desarrollo deben mostrarse más firmes y enérgicos a la hora de garantizar que la ayuda esté en línea con sus estrategias y sistemas nacionales. Dada la ausencia de las fuerzas del mercado o de una normativa con carácter ejecutivo, estas tendencias en el sector de la ayuda conceden una mayor importancia a la transparencia, el análisis comparativo y la evaluación por parte de organizaciones independientes. [1]
Un sector de la ayuda más fragmentado y diverso
El sector del desarrollo se está transformando rápidamente con la incorporación de un creciente número de actores y con una mayor fragmentación en el modo en que operan los mismos. Actualmente existen más de 40 donantes bilaterales y más de 200 agencias multilaterales. La ayuda oficial al desarrollo, según los informes del Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD) de la OCDE, alcanzó un máximo histórico en 2008 con 120.000 millones de dólares. Asimismo, encontramos varios actores nuevos o en expansión en el campo del desarrollo, desde los grandes, como China o la Gates Foundation, pasando por los nuevos fondos mundiales, hasta llegar a los millones de ONGs y organizaciones benéficas que funcionan en todo el mundo. Resulta complicado medir la escala de las obras benéficas privadas internacionales, pero según un estudio reciente se calcula que, anualmente, se transfieren 49.100 millones de dólares de países desarrollados a naciones en vías de desarrollo.[2] Aunque este crecimiento ha proporcionado un incremento en los recursos y el dinamismo, la magnitud misma de la expansión en el número de actores hace que los mecanismos de coordinación actuales se vuelvan cada vez menos manejables.
La fragmentación también se pone de manifiesto en proyectos y programas de menor envergadura. El número de actividades de ayuda registradas por el CAD ha pasado de las 17.000 de 1996 a las 81.000 de 2006. Sin embargo, el presupuesto promedio descendió de los 3,2 millones de dólares a los 1,6 millones a lo largo de ese mismo periodo. Con la proliferación de proyectos pequeños organizados por actores nuevos, el tamaño medio de un proyecto nuevo ha caído hasta los 67.000 dólares.[3]
Además de su mayor fragmentación, el sector de la ayuda se está volviendo más bilateral. La cuota multilateral de la ayuda oficial al desarrollo (AOD) ha permanecido constante en términos nominales, pero se está reduciendo como porcentaje del total, a medida que aumentan los países que optan por que sus objetivos no se diluyan en las estructuras multilaterales de gobernanza.[4] Con la divergencia en los objetivos de los distintos países, la obtención de compromisos a través de estructuras multilaterales se vuelve más difícil y la capacidad de adaptación y de innovación de dichas instituciones se va mermando. Por consiguiente, el crecimiento experimentado recientemente en la ayuda ha sido propulsado por estructuras bilaterales, fondos mundiales y obras benéficas privadas que responden a problemas específicos (como el VIH o la educación) sin la exigencia de compromisos con respecto a un programa más amplio de desarrollo.
A pesar del gran impacto de la recesión mundial en todos los flujos de ayuda a los países en vías de desarrollo, la tendencia hacia una mayor multiplicidad en la asistencia oficial al desarrollo, las obras benéficas y el capital privado lleva camino de continuar. El crecimiento y la fragmentación simultáneos del sector del desarrollo no constituyen simplemente un fenómeno de interés para los observadores. Estas tendencias tienen un gran impacto en los países en vías de desarrollo, puesto que han de relacionarse con más actores, y se erigen además en un desafío a la hora de alcanzar una mayor coherencia en las directrices políticas. Los actores del sector del desarrollo se deberían adaptar a este nuevo panorama en tres aspectos:?en primer lugar, estableciendo unas redes adecuadas para la coordinación de soluciones a los problemas mundiales; en segundo lugar, concentrándose en sus propias ventajas comparativas, y en tercer lugar, creando unos mecanismos más claros de responsabilidad mutua entre donantes y beneficiados.
La gobernanza mundial y la geometría variable: la forma seguirá a la función
Resulta cada vez más obvio que las estructuras actuales de gobernanza mundial y arquitectura de la ayuda son poco adecuadas para satisfacer las necesidades del panorama del desarrollo, en constante cambio. El CAD está revisando su lista de socios y extiende ahora la mano a donantes en expansión, como la India y China, en un esfuerzo por atraer a estos actores a los foros multilaterales que establecen normas, comparten prácticas recomendadas y llevan un seguimiento de los progresos logrados. Tanto las obras benéficas como las ONGs cuentan con amplias redes para la colaboración con homólogos, pero éstas habrán de ser cada vez más eficaces.
La aparición del G20+ como foro clave de respuesta a la crisis económica mundial constituye un ejemplo de peso de que la forma sigue a la función. Refleja un enfoque más pragmático a la resolución de problemas mundiales que sienta a la mesa a representantes importantes para solucionar un problema inmenso de acción colectiva. Es interesante notar que una fórmula parecida sugería el grupo de trabajo internacional sobre bienes públicos mundiales en 2006 con su propuesta de un "Global 25 o un G-25 " un grupo representativo de los jefes de Estado y Gobierno con fuertes lazos con las instituciones internacionales formales - que procurara un liderazgo en temas como el cambio climático, las enfermedades contagiosas, la estabilidad financiera, el comercio y la paz y la seguridad.[5] Parece muy probable que estemos entrando en un mundo de "geometría variable"- con más grupos de contacto, más foros "G" (G7/8/20/25/77), más fondos mundiales, más coaliciones y asociaciones del sector privado, de ONGs y de Gobiernos en torno a problemas específicos de desarrollo o a temas como normas internacionales para empresas o el medio ambiente. Rischard (2002) sostiene que estas "redes en torno a problemas mundiales" constituyen un complemento importante para la resolución de problemas y la gobernanza mundial, ya que cuentan con la ventaja de la rapidez, la flexibilidad y la legitimidad.[6] Puesto que la forma sigue a la función, tendremos ante nosotros un mundo más caótico, pero con más oportunidades para que los diestros y los bien conectados influyan sobre los resultados.
Todos los actores han de encontrar su propio hueco
Estos cambios implican que todos los actores del sector del desarrollo habrán de clarificar cuál es su especialización, sobre todo a medida que aumentan los controles en tiempos económicamente difíciles. Los donantes bilaterales de ayuda tendrán que definir su ventaja comparativa - con respecto a Estados frágiles o países de bajos ingresos, por región o por sector. El Ministerio británico de Desarrollo Internacional, por ejemplo, centrará cada vez más su programa bilateral en Estados frágiles, y su contribución multilateral en aquellas instituciones que sean más eficaces a la hora de responder a las necesidades de los más pobres. Las potencias emergentes, como China, la India, Brasil o Sudáfrica, no acogen bien la denominación de "donantes" y prefieren la expresión "asociación"; sin lugar a dudas, estos países aportarán modelos nuevos al panorama del desarrollo bilateral y multilateral.
Las instituciones financieras internacionales seguirán siendo importantes en la provisión de financiación anticíclica (como se ha demostrado en la actual crisis económica), y los proveedores de financiación al por mayor para inversiones a mayor escala, como ayudas en infraestructura y programas. El papel del sistema de la ONU como fijador de normas y promotor de acciones y patrones mundiales adquirirá una importancia cada vez mayor.
Las obras benéficas y fundaciones privadas están en una buena posición para erigirse en los capitalistas de riesgo del sector del desarrollo, al ser capaces de asumir mayores riesgos que las organizaciones públicas de financiación y de crear innovaciones que luego puedan incorporarse a la corriente dominante a través de la financiación pública. Las ONGs seguirán siendo importantes proveedoras de servicios humanitarios y de desarrollo, aunque también serán clave para responsabilizar a los Gobiernos y al sector privado de sus acciones. Si bien es cierto que, a medida que se amplían sus funciones, se hará más imperiosa la necesidad de que tanto las ONGs como las obras benéficas se vuelvan más transparentes y rindan cuentas de sus acciones.
Mayor responsabilidad mutua
El incremento de las alternativas para los países pobres es algo positivo, pero será aún más necesario que éstos se equipen mejor para gestionar sus flujos de ayuda de un modo estratégico. Los beneficiarios de ayuda habrán de mostrarse más firmes y enérgicos en cuanto a la eficacia de la ayuda, encarnada en los acuerdos de París y Accra, para lograr una mayor coherencia, una mejor división del trabajo y una mayor correspondencia con los planes y los sistemas de los países en vías de desarrollo. En cuanto a los donantes, el debate debería desplazarse hacia una mayor correspondencia con las prioridades de los países y una responsabilidad mutua más clara con respecto a los socios que son países en vías de desarrollo. Con un mayor número de actores, el papel de denunciantes asumido por los organismos reguladores, las ONGs y los evaluadores independientes adquiere mayor importancia a efectos de llevar un seguimiento y fomentar un mejor comportamiento entre donantes y beneficiarios.
De la arquitectura a las redes
La arquitectura de la ayuda internacional que se está formando será una arquitectura menos en el sentido aplicado a los edificios (como líneas sólidas y estructuras con divisiones y responsabilidades perfectamente definidas) y más en el sentido que se da a Internet (como un lugar donde se crean contactos y donde convergen grupos con intereses comunes y se llevan a cabo transacciones). Los problemas se trasladarán con cada vez mayor frecuencia a los foros donde se resuelvan más eficazmente. Los sistemas basados en redes presentan ventajas tangibles, pues tienden a ser más fuertes e innovadores. Las organizaciones de desarrollo habrán de encontrar sus propios huecos en este mundo nuevo y más complejo.
¿Será más eficaz esta nueva red para la provisión de ayuda? Existen riesgos reales de que se den más proyectos erróneos y unos costes mayores en las transacciones y la coordinación. Sin embargo, también es posible que surjan más recursos e innovaciones y que se logren unos progresos más rápidos en la lucha contra la pobreza mundial. Un modo de aumentar la eficacia en este nuevo mundo de la ayuda consiste en conceder una mayor importancia a la transparencia, el análisis comparativo y la evaluación por parte de organizaciones independientes. No parece probable que la regulación y la coordinación vayan a funcionar.
Los esfuerzos realizados por infinidad de ONGs, grupos de expertos y agencias de ayuda en destacar quién provee un desarrollo eficaz son fundamentales. Podría haber argumentos a favor de una certificación de la ayuda "de calidad" que, como en el caso de la etiqueta del comercio justo, informe al público de qué esfuerzos a favor del desarrollo (públicos y privados) están obteniendo buenos resultados. La certificación podría referirse al ámbito mundial (como la clasificación del Centro para el Desarrollo Regional de los países donantes en cuanto al rendimiento de sus esfuerzos en materia del desarrollo), al regional (como las muchas ONGs que llevan un seguimiento de los compromisos asumidos en Gleneagles para con África), o al nacional (como la reciente evaluación independiente de rendimiento de los donantes en Mozambique). Al igual que usamos el número de resultados de Google para medir la utilidad de diversos sitios Internet, este tipo de información comparativa indicará a los contribuyentes y a los países en vías de desarrollo dónde obtener la mejor relación calidad-precio en el sector de la ayuda.
[1] Gracias a Marco Petracco-Giudici y a Cecilie Rogenaes-Panxha por la asistencia magnífica (e inmediata) que me prestaron en la investigación. También deseo agradecer los comentarios de Suma Chakrabarti, Richard Manning, Nancy Birdsall, Denis DeTray, Lael Brainard, Colin Bradford, Owen Barder, Pete Lewis y a los asistentes a los seminarios del Ministerio británico de Desarrollo Internacional, la Brookings Institution, la Universidad de Harvard, la Universidad de Oxford y la London School of Economics por sus valiosos comentarios sobre versiones anteriores. Las opiniones aquí expresadas son las mías propias y no reflejan necesariamente la política oficial.
[2] Kharas, Homi (2009), "Action on Aid", Wolfensohn Center for Development, Brookings Institution, abril.
[3] Kharas (2009).
[4] Andrew Powell (BID y UTDT) y Matteo Bobba (BID), "Multilateral Intermediation of Development Assistance: what is the trade-off for donor countries?", documento de trabajo del BID, junio de 2006
[5] International Task Force on Global Public Goods, Meeting Global Challenges, Estocolmo: Suecia, 2006.
[6] Jean-Francois Rischard (2002), Vingt défis pour la planète, vingt ans pour y faire face, Paris, Acte Sud.
Un sector de la ayuda más fragmentado y diverso
El sector del desarrollo se está transformando rápidamente con la incorporación de un creciente número de actores y con una mayor fragmentación en el modo en que operan los mismos. Actualmente existen más de 40 donantes bilaterales y más de 200 agencias multilaterales. La ayuda oficial al desarrollo, según los informes del Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD) de la OCDE, alcanzó un máximo histórico en 2008 con 120.000 millones de dólares. Asimismo, encontramos varios actores nuevos o en expansión en el campo del desarrollo, desde los grandes, como China o la Gates Foundation, pasando por los nuevos fondos mundiales, hasta llegar a los millones de ONGs y organizaciones benéficas que funcionan en todo el mundo. Resulta complicado medir la escala de las obras benéficas privadas internacionales, pero según un estudio reciente se calcula que, anualmente, se transfieren 49.100 millones de dólares de países desarrollados a naciones en vías de desarrollo.[2] Aunque este crecimiento ha proporcionado un incremento en los recursos y el dinamismo, la magnitud misma de la expansión en el número de actores hace que los mecanismos de coordinación actuales se vuelvan cada vez menos manejables.
La fragmentación también se pone de manifiesto en proyectos y programas de menor envergadura. El número de actividades de ayuda registradas por el CAD ha pasado de las 17.000 de 1996 a las 81.000 de 2006. Sin embargo, el presupuesto promedio descendió de los 3,2 millones de dólares a los 1,6 millones a lo largo de ese mismo periodo. Con la proliferación de proyectos pequeños organizados por actores nuevos, el tamaño medio de un proyecto nuevo ha caído hasta los 67.000 dólares.[3]
Además de su mayor fragmentación, el sector de la ayuda se está volviendo más bilateral. La cuota multilateral de la ayuda oficial al desarrollo (AOD) ha permanecido constante en términos nominales, pero se está reduciendo como porcentaje del total, a medida que aumentan los países que optan por que sus objetivos no se diluyan en las estructuras multilaterales de gobernanza.[4] Con la divergencia en los objetivos de los distintos países, la obtención de compromisos a través de estructuras multilaterales se vuelve más difícil y la capacidad de adaptación y de innovación de dichas instituciones se va mermando. Por consiguiente, el crecimiento experimentado recientemente en la ayuda ha sido propulsado por estructuras bilaterales, fondos mundiales y obras benéficas privadas que responden a problemas específicos (como el VIH o la educación) sin la exigencia de compromisos con respecto a un programa más amplio de desarrollo.
A pesar del gran impacto de la recesión mundial en todos los flujos de ayuda a los países en vías de desarrollo, la tendencia hacia una mayor multiplicidad en la asistencia oficial al desarrollo, las obras benéficas y el capital privado lleva camino de continuar. El crecimiento y la fragmentación simultáneos del sector del desarrollo no constituyen simplemente un fenómeno de interés para los observadores. Estas tendencias tienen un gran impacto en los países en vías de desarrollo, puesto que han de relacionarse con más actores, y se erigen además en un desafío a la hora de alcanzar una mayor coherencia en las directrices políticas. Los actores del sector del desarrollo se deberían adaptar a este nuevo panorama en tres aspectos:?en primer lugar, estableciendo unas redes adecuadas para la coordinación de soluciones a los problemas mundiales; en segundo lugar, concentrándose en sus propias ventajas comparativas, y en tercer lugar, creando unos mecanismos más claros de responsabilidad mutua entre donantes y beneficiados.
La gobernanza mundial y la geometría variable: la forma seguirá a la función
Resulta cada vez más obvio que las estructuras actuales de gobernanza mundial y arquitectura de la ayuda son poco adecuadas para satisfacer las necesidades del panorama del desarrollo, en constante cambio. El CAD está revisando su lista de socios y extiende ahora la mano a donantes en expansión, como la India y China, en un esfuerzo por atraer a estos actores a los foros multilaterales que establecen normas, comparten prácticas recomendadas y llevan un seguimiento de los progresos logrados. Tanto las obras benéficas como las ONGs cuentan con amplias redes para la colaboración con homólogos, pero éstas habrán de ser cada vez más eficaces.
La aparición del G20+ como foro clave de respuesta a la crisis económica mundial constituye un ejemplo de peso de que la forma sigue a la función. Refleja un enfoque más pragmático a la resolución de problemas mundiales que sienta a la mesa a representantes importantes para solucionar un problema inmenso de acción colectiva. Es interesante notar que una fórmula parecida sugería el grupo de trabajo internacional sobre bienes públicos mundiales en 2006 con su propuesta de un "Global 25 o un G-25 " un grupo representativo de los jefes de Estado y Gobierno con fuertes lazos con las instituciones internacionales formales - que procurara un liderazgo en temas como el cambio climático, las enfermedades contagiosas, la estabilidad financiera, el comercio y la paz y la seguridad.[5] Parece muy probable que estemos entrando en un mundo de "geometría variable"- con más grupos de contacto, más foros "G" (G7/8/20/25/77), más fondos mundiales, más coaliciones y asociaciones del sector privado, de ONGs y de Gobiernos en torno a problemas específicos de desarrollo o a temas como normas internacionales para empresas o el medio ambiente. Rischard (2002) sostiene que estas "redes en torno a problemas mundiales" constituyen un complemento importante para la resolución de problemas y la gobernanza mundial, ya que cuentan con la ventaja de la rapidez, la flexibilidad y la legitimidad.[6] Puesto que la forma sigue a la función, tendremos ante nosotros un mundo más caótico, pero con más oportunidades para que los diestros y los bien conectados influyan sobre los resultados.
Todos los actores han de encontrar su propio hueco
Estos cambios implican que todos los actores del sector del desarrollo habrán de clarificar cuál es su especialización, sobre todo a medida que aumentan los controles en tiempos económicamente difíciles. Los donantes bilaterales de ayuda tendrán que definir su ventaja comparativa - con respecto a Estados frágiles o países de bajos ingresos, por región o por sector. El Ministerio británico de Desarrollo Internacional, por ejemplo, centrará cada vez más su programa bilateral en Estados frágiles, y su contribución multilateral en aquellas instituciones que sean más eficaces a la hora de responder a las necesidades de los más pobres. Las potencias emergentes, como China, la India, Brasil o Sudáfrica, no acogen bien la denominación de "donantes" y prefieren la expresión "asociación"; sin lugar a dudas, estos países aportarán modelos nuevos al panorama del desarrollo bilateral y multilateral.
Las instituciones financieras internacionales seguirán siendo importantes en la provisión de financiación anticíclica (como se ha demostrado en la actual crisis económica), y los proveedores de financiación al por mayor para inversiones a mayor escala, como ayudas en infraestructura y programas. El papel del sistema de la ONU como fijador de normas y promotor de acciones y patrones mundiales adquirirá una importancia cada vez mayor.
Las obras benéficas y fundaciones privadas están en una buena posición para erigirse en los capitalistas de riesgo del sector del desarrollo, al ser capaces de asumir mayores riesgos que las organizaciones públicas de financiación y de crear innovaciones que luego puedan incorporarse a la corriente dominante a través de la financiación pública. Las ONGs seguirán siendo importantes proveedoras de servicios humanitarios y de desarrollo, aunque también serán clave para responsabilizar a los Gobiernos y al sector privado de sus acciones. Si bien es cierto que, a medida que se amplían sus funciones, se hará más imperiosa la necesidad de que tanto las ONGs como las obras benéficas se vuelvan más transparentes y rindan cuentas de sus acciones.
Mayor responsabilidad mutua
El incremento de las alternativas para los países pobres es algo positivo, pero será aún más necesario que éstos se equipen mejor para gestionar sus flujos de ayuda de un modo estratégico. Los beneficiarios de ayuda habrán de mostrarse más firmes y enérgicos en cuanto a la eficacia de la ayuda, encarnada en los acuerdos de París y Accra, para lograr una mayor coherencia, una mejor división del trabajo y una mayor correspondencia con los planes y los sistemas de los países en vías de desarrollo. En cuanto a los donantes, el debate debería desplazarse hacia una mayor correspondencia con las prioridades de los países y una responsabilidad mutua más clara con respecto a los socios que son países en vías de desarrollo. Con un mayor número de actores, el papel de denunciantes asumido por los organismos reguladores, las ONGs y los evaluadores independientes adquiere mayor importancia a efectos de llevar un seguimiento y fomentar un mejor comportamiento entre donantes y beneficiarios.
De la arquitectura a las redes
La arquitectura de la ayuda internacional que se está formando será una arquitectura menos en el sentido aplicado a los edificios (como líneas sólidas y estructuras con divisiones y responsabilidades perfectamente definidas) y más en el sentido que se da a Internet (como un lugar donde se crean contactos y donde convergen grupos con intereses comunes y se llevan a cabo transacciones). Los problemas se trasladarán con cada vez mayor frecuencia a los foros donde se resuelvan más eficazmente. Los sistemas basados en redes presentan ventajas tangibles, pues tienden a ser más fuertes e innovadores. Las organizaciones de desarrollo habrán de encontrar sus propios huecos en este mundo nuevo y más complejo.
¿Será más eficaz esta nueva red para la provisión de ayuda? Existen riesgos reales de que se den más proyectos erróneos y unos costes mayores en las transacciones y la coordinación. Sin embargo, también es posible que surjan más recursos e innovaciones y que se logren unos progresos más rápidos en la lucha contra la pobreza mundial. Un modo de aumentar la eficacia en este nuevo mundo de la ayuda consiste en conceder una mayor importancia a la transparencia, el análisis comparativo y la evaluación por parte de organizaciones independientes. No parece probable que la regulación y la coordinación vayan a funcionar.
Los esfuerzos realizados por infinidad de ONGs, grupos de expertos y agencias de ayuda en destacar quién provee un desarrollo eficaz son fundamentales. Podría haber argumentos a favor de una certificación de la ayuda "de calidad" que, como en el caso de la etiqueta del comercio justo, informe al público de qué esfuerzos a favor del desarrollo (públicos y privados) están obteniendo buenos resultados. La certificación podría referirse al ámbito mundial (como la clasificación del Centro para el Desarrollo Regional de los países donantes en cuanto al rendimiento de sus esfuerzos en materia del desarrollo), al regional (como las muchas ONGs que llevan un seguimiento de los compromisos asumidos en Gleneagles para con África), o al nacional (como la reciente evaluación independiente de rendimiento de los donantes en Mozambique). Al igual que usamos el número de resultados de Google para medir la utilidad de diversos sitios Internet, este tipo de información comparativa indicará a los contribuyentes y a los países en vías de desarrollo dónde obtener la mejor relación calidad-precio en el sector de la ayuda.
[1] Gracias a Marco Petracco-Giudici y a Cecilie Rogenaes-Panxha por la asistencia magnífica (e inmediata) que me prestaron en la investigación. También deseo agradecer los comentarios de Suma Chakrabarti, Richard Manning, Nancy Birdsall, Denis DeTray, Lael Brainard, Colin Bradford, Owen Barder, Pete Lewis y a los asistentes a los seminarios del Ministerio británico de Desarrollo Internacional, la Brookings Institution, la Universidad de Harvard, la Universidad de Oxford y la London School of Economics por sus valiosos comentarios sobre versiones anteriores. Las opiniones aquí expresadas son las mías propias y no reflejan necesariamente la política oficial.
[2] Kharas, Homi (2009), "Action on Aid", Wolfensohn Center for Development, Brookings Institution, abril.
[3] Kharas (2009).
[4] Andrew Powell (BID y UTDT) y Matteo Bobba (BID), "Multilateral Intermediation of Development Assistance: what is the trade-off for donor countries?", documento de trabajo del BID, junio de 2006
[5] International Task Force on Global Public Goods, Meeting Global Challenges, Estocolmo: Suecia, 2006.
[6] Jean-Francois Rischard (2002), Vingt défis pour la planète, vingt ans pour y faire face, Paris, Acte Sud.
Campaña mundial de fotografías - Humanizar el desarrollo
Autor : Webmaster
Fecha : 10 June 2009
¡Darse prisa! Sólo tarda hasta el 1er de Octubre.
¿Cómo ver el desarrollo? ¿Cómo presentar el rostro humano del proceso de desarrollo? ¿En qué sentido las iniciativas y los programas de desarrollo mejoran las condiciones de vida de la población?
El desarrollo es representado a menudo a través de imágenes de desolación y desesperanza, a pesar de innumerables iniciativas, programas, ideas y asociaciones que cambian la vida de millones de personas en el mundo en desarrollo y en transición. Para una mejor sensibilización frente a los éxitos que alcanza el proceso de desarrollo y para compartir acciones innovadoras, el Centro Internacional de Estrategias para un Crecimiento para Todos (IPC-IG), en cooperación con numerosos asociados, lanza la Campaña Mundial de Fotografía "Humanizar el desarrollo"
¿El fin de la Ayuda Pública al Desarrollo (APD)?
Autor : Jean-Michel Severino
Fecha : 30 March 2009
Estimados redactores de nuestro blog,
Me gustaría compartir con vosotros algunas ideas contenidas en un artículo que un joven colega - Olivier Ray- y yo acabamos de publicar en la colección working papers del centro de investigación "Center for Global Development" (visible aquí), ya que corresponden a la meta de este blog - "compartir libremente informaciones, puntos de vista y visiones para el futuro para hacer progresar la causa del desarrollo". Este artículo enfoca las evoluciones del mundo de la ayuda al desarrollo. Describe el proceso de transformación de la política de ayuda al desarrollo en una política pública de alcance global cuyos objetivos, instrumentos y actores son considerablemente diferentes de los que caracterizaban a la ayuda al desarrollo hace solamente diez o quince años.
Queridos amigos, militemos por una reactivación ecológica y solidaria
Autor : Jean-Michel Severino
Fecha : 4 March 2009
Deseaba reaccionar a varias declaraciones muy fuertes -además de a propuestas concretas- que acabamos de leer en las columnas de nuestro blog, sobre la gestión de la crisis que estamos atravesando. Achim Steiner ha demostrado que un Green New Deal constituía no sólo una respuesta adicional a la crisis, sino que además debería figurar en el centro de las estrategias determinadas para enfrentarse a ella. Kemal Dervis también nos ha pedido que no reduzcamos nuestros esfuerzos en la lucha contra el cambio climático sino que, por el contrario, aprovechemos la reactivación para reforzar nuestra acción en este sentido. Además, Minouche Shafik nos ha recordado que el dramático impacto que causaría ineludiblemente la desaceleración económica actual sobre los más pobres requería mecanismos reforzados en materia de protección social. De hecho, aprovecho esta oportunidad para dar la bienvenida a Minouche a nuestra pequeña comunidad de blogueros. Por último, a partir del caso del PMA, Josette Sheeran ha determinado un tema fundamental: el de la demanda de bienes procedentes de los países en desarrollo.
En realidad, esos cuatro posts se apoyan mutuamente, pero para que cohabiten es preciso dar nuevos pasos hacia delante. En efecto, estoy convencido de que la reactivación que tanto necesita la economía mundial deberá ser a la vez ecológica y solidaria: los pasos que tendrá que dar la comunidad internacional en los próximos meses deberán tratar todas estas dimensiones simultáneamente, por razones que sólo están relacionadas marginalmente con la ética.
La reactivación deberá ser global ya que, sin una acción rápida, la pobreza se acentuará de forma dramática, masiva y duradera.
Ahora bien, nuestros países podrían verse tentados a pasar esta agenda de solidaridad internacional a un segundo plano, mientras que ellos mismos sufren el impacto de la desaceleración actual. Así pues, tenemos un deber de pedagogía respecto a nuestros conciudadanos en cuanto a la necesidad de esta reactivación global. Las cifras hablan por sí solas, mientras que las previsiones de crecimiento para 2009 están contrastadas: los únicos países en los que las luces del crecimiento, incluso febriles, se mantendrán encendidas, son los países emergentes y en desarrollo. Por ejemplo, el FMI prevé un crecimiento mundial del 0,5% en 2009: -2% en los países desarrollados y +3,3% en los emergentes y en desarrollo. Así pues, es imprescindible para el mundo en su conjunto, que este motor de crecimiento siga funcionando: el mantenimiento del crecimiento en los países en desarrollo condiciona la reactivación en los nuestros.
Por este motivo, es esencial que los organismos de financiación bilaterales y multilaterales movilicen toda la fuerza de sus balances y de sus capitales propios para sustituir a los mercados en dificultad. En efecto, esta fuerza es considerable. Pero para tener un efecto eficaz es preciso que el marco estratégico y las reglas del juego en los que operan estén centrados en lo esencial. En ello reside el reto de los trabajos realizados en el G20, que espero den resultados rápidamente. También es el momento oportuno para apoyar la demanda dirigida a los países en desarrollo: preservar los mercados y, en consecuencia, las oportunidades de inversión, constituye la acción más útil y de efecto inmediato. Así pues, las acciones como las emprendidas en el PMA deben multiplicarse. Garantizar la demanda dirigida a los países en desarrollo -fundamentalmente en materia agrícola- por medio de contratos a medio plazo constituye un instrumento muy eficaz de promoción de la oferta. Sobre todo, actualmente sería sumamente contraproductivo para los países de la OCDE cerrar las fronteras o luchar contra las inversiones destinadas a los países en desarrollo: en efecto, estos últimos pueden contribuir eficazmente a la reducción de los precios en los mercados de los países industrializados gracias a sus exportaciones.
Esta reactivación global también debería ser ecológica. Mientras los indicadores medioambientales están en rojo, las principales cumbres del desarrollo sostenible previstas para este año- en primera fila de las cuales está Copenhague, en diciembre- nos recordarán que, a partir de ahora, cada una de nuestras acciones debe pensarse en coherencia con el reto climático. También deberá tener en cuenta el nuevo paradigma de la escasez de todos los recursos naturales. Actualmente, el PNUMA trabaja sobre esta cuestión del "Green New deal". Pero la reactivación pasará en gran medida por inversiones en infraestructuras y la energía será el elemento fundamental. ¿Seremos capaces de tomar las decisiones adecuadas -las orientadas hacia el acceso a la energía, la eficiencia energética y las energías renovables? La reducción ?coyuntural- de los precios de la energía no debe hacernos "perder el tren" en materia de adaptación energética. Así que, ¿Por qué no hacer de la energía el 9º Objetivo del Milenio para el Desarrollo? Por ejemplo, podríamos proponernos como objetivo duplicar a nivel global, desde ahora hasta el año 2015, el acceso a la energía gracias a las renovables, mejorando al mismo tiempo un 100% la eficiencia energética del crecimiento.
Nuestro mundo necesita nuevos grandes retos, que vinculen el destino del Norte y del Sur. El Sur cumple este propósito y puede ser el motor de una nueva revolución tecnológica: de hecho, varios países industrializados ya apuestan actualmente por el crecimiento ecológico- perceptible en una cierta "ecologización"[1] en sus planes de reactivación. Barack Obama se ha inspirado en el programa Repower America elaborado por Al Gore para proponer un nuevo modelo energético. En Francia, una parte de las inversiones previstas por el plan de reactivación se dedica a anticipar las medidas del Grenelle de l'Environnement.
Por último, la reactivación deberá ser solidaria. Nuestra vigilancia debe ser constante frente al incremento de las desigualdades generadas por la crisis en los países más pobres. Es urgente pensar en la gestión de las consecuencias sociales de la crisis y la adaptación de las sociedades en desarrollo a estos importantes cambios, ya que de ello depende, en primer lugar, la eficacia del conjunto de los planes de reactivación. Tal como nos han enseñado, por ejemplo, los trabajos realizados a principios de los años 2000 con el Banco Mundial sobre "el crecimiento contra la pobreza" (pro-poor growth), a los que ha contribuido en gran medida la AFD, la eficacia del crecimiento económico y su solidez se han multiplicado con la reducción de las desigualdades. Esto es cierto tanto a nivel local como global: un mejor reparto de las riquezas hace que el mundo sea globalmente más próspero.
Así pues, se deberán implantar mecanismos de redistribuciones destinados a los países más vulnerables. La idea de Bob Zoellick de reservar el 0,7% del plan de reactivación americano a un fondo de vulnerabilidad para los PED[2] está dirigida en este sentido.
También tendremos que encontrar las "correas de transmisión sociales" que permitan garantizar la protección de los más desfavorecidos. Como agentes del desarrollo, somos nosotros quienes debemos reforzar estos sectores que permitan tener un impacto social inmediato frente a los efectos de la crisis. Por este motivo, tendremos que elevar la agenda alimentaria en la jerarquía de nuestras preocupaciones. En nuestro esfuerzo de reactivación, es necesario mantener y continuar nuestro apoyo a los agricultores en el Sur y participar en la construcción del futuro alimentario.
Debemos proceder de la misma forma con sectores que permitan ampliar los servicios sociales a la mayoría y protegerlos de los efectos inmediatos de la degradación de su situación socioeconómica, como los microcréditos o incluso la sanidad.
Por supuesto, cada país debe recibir el apoyo sectorial correspondiente a sus necesidades, pero parece posible identificar algunas importantes tareas genéricas que permitan atenuar los efectos de la crisis.
Aunque este año tengamos que determinar las medidas que tendrán resultados concretos a corto plazo, también tendremos que tener en mente nuestra voluntad de construir el futuro. Frente a esta crisis, debemos pensar al mismo tiempo en el impacto de nuestra acción a corto y a largo plazo. Porque el tiempo de respuesta a los desajustes actuales no es necesariamente el mismo que el de la gestión de los grandes problemas estructurales (como la energía o la agricultura). Así que, somos nosotros los que tenemos que hacer converger eficazmente esta triple agenda de una reactivación económica global, ecológica y solidaria.
JMS
[1] Le Monde Economie, 3 de febrero de 2009.[2] A stimulus package for the world, NY Times, 22 de enero de 2009.
Mientras el mundo lucha contra la recesión, no debemos olvidar el cambio climático
Autor : Kemal Dervis
Fecha : 11 February 2009
Actualmente se ha confirmado el vínculo entre la actividad humana y el cambio climático. No se sabe a ciencia cierta cómo evolucionarán los procesos físicos que intervienen en las emisiones de gases de efecto invernadero y los cambios climáticos de nuestro planeta, pero estos procesos no son fáciles de revertir, y bien podrían ser irreversibles. A largo plazo podrían tener efectos catastróficos y cuanto más esperemos, mayores serán los riesgos. Es por eso que debemos intensificar nuestras iniciativas para mitigar el cambio climático, como una forma de prevención. Ahora sabemos sin ningún atisbo de duda que el cambio climático tendrá un impacto negativo mayor y más inmediato en los más pobres del mundo. Nuestra preocupación por el desarrollo y la reducción de la pobreza, plasmada en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, impone la mitigación urgente del cambio climático para reducir las amenazas a las perspectivas de desarrollo de los más vulnerables, así como la adopción de medidas para ayudar a adaptarse a los que ya están afectados.
Para mitigar el cambio climático debemos reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero en las próximas dos o tres décadas, comenzando inmediatamente. Esto exige transformaciones fundamentales de nuestras economías basadas en el carbono. Esta tarea podría parecer especialmente difícil ahora que el mundo se enfrenta con la crisis económica más grave de las últimas generaciones. No obstante, creo que la complicada situación económica actual no es una razón para demorar las acciones en materia de clima. Representa, en cambio, una oportunidad singular para revitalizar nuestra respuesta.
Para contrarrestar la recesión y reactivar el crecimiento se está considerando adaptar o poner en práctica grandes expansiones fiscales. El Dedicar parte del aumento del gasto público a las inversiones y los empleos que protejan el medio ambiente verde se compensa a corto plazo-contrarrestando la caída del consumo y de las inversiones privadas-pero al mismo tiempo contribuye a la transición a economías de bajo consumo de carbono. Muchos comparten esta idea y ya se está incorporando en muchos planes de estímulo económico. Por ejemplo, el plan cuya adopción se está considerando actualmente en los Estados Unidos asigna recursos a modernizar la red de energía, convertir edificios públicos y viviendas para que tengan mayor rendimiento energético, aumentar la producción de energía renovable y mejorar el transporte público masivo y la red ferroviaria para reducir el consumo de gasolina. La propuesta de estímulo de la Comisión Europea contiene disposiciones semejantes. El conjunto de medidas de estímulo económico de China también asigna recursos al mejoramiento de la eficiencia energética y la modernización de la red de electricidad.
Así pues, aunque estas iniciativas podrían ser más ambiciosas y estar mejor coordinadas internacionalmente, lo cierto es que se está aprovechando la oportunidad de utilizar la respuesta a la crisis económica para impulsar nuestras iniciativas para reducir las emisiones.
Pero esto no bastará. Los encargados de la formulación de políticas deben garantizar que en la 15ª Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se celebrará en Copenhague las inversiones que se realicen en estos tiempos tan difíciles no se desperdicien, velando por un compromiso de largo plazo con la mitigación del cambio climático.
Los estímulos fiscales contracíclicos no pueden garantizar la eficacia y rentabilidad de largo plazo de estas inversiones en la mitigación del cambio climático. Nuestras economías sólo mantendrán un compromiso de largo plazo destinado a reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero si aplicamos políticas que garanticen incentivos y financiación firme y previsible para mitigar el cambio climático. A fin de lograrlo, los precios en nuestras economías deben emitir las señales adecuadas a los particulares y a las empresas para orientar sus decisiones sobre consumo e inversiones hacia la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto significa que los precios deben comenzar a reflejar la totalidad de los costos sociales de emitir gases de efecto invernadero, así como los beneficios de optar por tecnologías de bajo consumo de carbono.
El mundo espera que la 15ª Conferencia de las Partes que se celebrará en Copenhague se traduzca en un pacto mundial amplio, ambicioso, equitativo y sostenible en cuanto a su aplicación técnica y los procesos políticos en las naciones soberanas. Aunque ya se han instituido algunos mecanismos para el comercio de carbono, entre otros en el marco del Protocolo de Kioto y la Unión Europea, es indispensable que se ejecuten nuevas iniciativas para fijar el precio del carbono de forma eficaz y justa (reflejando el principio de obligaciones comunes aunque diferenciadas acordado en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático).
Hay varias alternativas para la fijación del precio del carbono, entre éstas, los mecanismos de límites máximos y comercio, impuestos sobre el carbono, o una combinación de ambos. Las opciones que fijan el precio del carbono y al mismo tiempo reducen la volatilidad podrían ser particularmente convenientes, en especial en vista de la elevada volatilidad de los precios de los combustibles fósiles de los últimos meses. En el contexto de esta volatilidad extrema, los cambios en las prioridades de inversión y en el comportamiento en favor de actividades con una menor emisión de gases de efecto invernadero podrían revertirse o ni siquiera comenzar. Un impuesto variable según el contenido de carbono de los combustibles fósiles, que aumente cuando los precios bajan y baje automáticamente cuando los precios suben, sería un instrumento que fijaría el precio del carbono y al mismo tiempo reduciría la volatilidad para el usuario de combustibles fósiles. A largo plazo, un costo más estable para el usuario tiene ventajas tanto para los consumidores como para los productores de combustibles fósiles. Una volatilidad excesiva crea dificultades en la planificación de inversiones e ineficiencias en el uso de los recursos de combustibles fósiles.
Todo mecanismo para la fijación del precio del carbono debe tener en cuenta que los países en desarrollo puedan satisfacer sus necesidades energéticas sin poner en riesgo su crecimiento económico y las iniciativas de reducción de la pobreza. Debe prestarse apoyo a los países en desarrollo mediante recursos suficientes, habida cuenta de sus enormes necesidades de mejor infraestructura y acceso a la energía. Un programa sufragado por donantes para financiar los costos adicionales de elegir las tecnologías menos contaminantes disponibles asegurará que se satisfagan esas necesidades de desarrollo de forma coherente con las iniciativas de mitigación del cambio climático. El programa podría financiarse en parte mediante los ingresos potenciales generados en los países ricos tras la puesta en funcionamiento de mecanismos de fijación del precio del carbono: la subasta de permisos de emisión en sistemas de límites máximos y comercio, los impuestos sobre el carbono o ambos.
Los encargados de la formulación de políticas están obteniendo resultados al abordar la crisis económica al tiempo que mantienen sus compromisos con la lucha contra el cambio climático. El mundo espera que ese compromiso se mantenga en Copenhague. El programa incluye muchas cuestiones, entre otras, normas de eficiencia y subsidios directos para nuevas tecnologías. Una estrategia común debería incluir nuevos mecanismos de financiación innovadores tanto para la mitigación como para la adaptación en los países en desarrollo. No obstante, la fijación eficaz, justa y previsible del precio del carbono por medio de una combinación de mecanismos de límites máximos y comercio y otras formas de tributación sobre el carbono, deberá ser la principal prioridad del programa.
Para mitigar el cambio climático debemos reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero en las próximas dos o tres décadas, comenzando inmediatamente. Esto exige transformaciones fundamentales de nuestras economías basadas en el carbono. Esta tarea podría parecer especialmente difícil ahora que el mundo se enfrenta con la crisis económica más grave de las últimas generaciones. No obstante, creo que la complicada situación económica actual no es una razón para demorar las acciones en materia de clima. Representa, en cambio, una oportunidad singular para revitalizar nuestra respuesta.
Para contrarrestar la recesión y reactivar el crecimiento se está considerando adaptar o poner en práctica grandes expansiones fiscales. El Dedicar parte del aumento del gasto público a las inversiones y los empleos que protejan el medio ambiente verde se compensa a corto plazo-contrarrestando la caída del consumo y de las inversiones privadas-pero al mismo tiempo contribuye a la transición a economías de bajo consumo de carbono. Muchos comparten esta idea y ya se está incorporando en muchos planes de estímulo económico. Por ejemplo, el plan cuya adopción se está considerando actualmente en los Estados Unidos asigna recursos a modernizar la red de energía, convertir edificios públicos y viviendas para que tengan mayor rendimiento energético, aumentar la producción de energía renovable y mejorar el transporte público masivo y la red ferroviaria para reducir el consumo de gasolina. La propuesta de estímulo de la Comisión Europea contiene disposiciones semejantes. El conjunto de medidas de estímulo económico de China también asigna recursos al mejoramiento de la eficiencia energética y la modernización de la red de electricidad.
Así pues, aunque estas iniciativas podrían ser más ambiciosas y estar mejor coordinadas internacionalmente, lo cierto es que se está aprovechando la oportunidad de utilizar la respuesta a la crisis económica para impulsar nuestras iniciativas para reducir las emisiones.
Pero esto no bastará. Los encargados de la formulación de políticas deben garantizar que en la 15ª Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se celebrará en Copenhague las inversiones que se realicen en estos tiempos tan difíciles no se desperdicien, velando por un compromiso de largo plazo con la mitigación del cambio climático.
Los estímulos fiscales contracíclicos no pueden garantizar la eficacia y rentabilidad de largo plazo de estas inversiones en la mitigación del cambio climático. Nuestras economías sólo mantendrán un compromiso de largo plazo destinado a reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero si aplicamos políticas que garanticen incentivos y financiación firme y previsible para mitigar el cambio climático. A fin de lograrlo, los precios en nuestras economías deben emitir las señales adecuadas a los particulares y a las empresas para orientar sus decisiones sobre consumo e inversiones hacia la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto significa que los precios deben comenzar a reflejar la totalidad de los costos sociales de emitir gases de efecto invernadero, así como los beneficios de optar por tecnologías de bajo consumo de carbono.
El mundo espera que la 15ª Conferencia de las Partes que se celebrará en Copenhague se traduzca en un pacto mundial amplio, ambicioso, equitativo y sostenible en cuanto a su aplicación técnica y los procesos políticos en las naciones soberanas. Aunque ya se han instituido algunos mecanismos para el comercio de carbono, entre otros en el marco del Protocolo de Kioto y la Unión Europea, es indispensable que se ejecuten nuevas iniciativas para fijar el precio del carbono de forma eficaz y justa (reflejando el principio de obligaciones comunes aunque diferenciadas acordado en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático).
Hay varias alternativas para la fijación del precio del carbono, entre éstas, los mecanismos de límites máximos y comercio, impuestos sobre el carbono, o una combinación de ambos. Las opciones que fijan el precio del carbono y al mismo tiempo reducen la volatilidad podrían ser particularmente convenientes, en especial en vista de la elevada volatilidad de los precios de los combustibles fósiles de los últimos meses. En el contexto de esta volatilidad extrema, los cambios en las prioridades de inversión y en el comportamiento en favor de actividades con una menor emisión de gases de efecto invernadero podrían revertirse o ni siquiera comenzar. Un impuesto variable según el contenido de carbono de los combustibles fósiles, que aumente cuando los precios bajan y baje automáticamente cuando los precios suben, sería un instrumento que fijaría el precio del carbono y al mismo tiempo reduciría la volatilidad para el usuario de combustibles fósiles. A largo plazo, un costo más estable para el usuario tiene ventajas tanto para los consumidores como para los productores de combustibles fósiles. Una volatilidad excesiva crea dificultades en la planificación de inversiones e ineficiencias en el uso de los recursos de combustibles fósiles.
Todo mecanismo para la fijación del precio del carbono debe tener en cuenta que los países en desarrollo puedan satisfacer sus necesidades energéticas sin poner en riesgo su crecimiento económico y las iniciativas de reducción de la pobreza. Debe prestarse apoyo a los países en desarrollo mediante recursos suficientes, habida cuenta de sus enormes necesidades de mejor infraestructura y acceso a la energía. Un programa sufragado por donantes para financiar los costos adicionales de elegir las tecnologías menos contaminantes disponibles asegurará que se satisfagan esas necesidades de desarrollo de forma coherente con las iniciativas de mitigación del cambio climático. El programa podría financiarse en parte mediante los ingresos potenciales generados en los países ricos tras la puesta en funcionamiento de mecanismos de fijación del precio del carbono: la subasta de permisos de emisión en sistemas de límites máximos y comercio, los impuestos sobre el carbono o ambos.
Los encargados de la formulación de políticas están obteniendo resultados al abordar la crisis económica al tiempo que mantienen sus compromisos con la lucha contra el cambio climático. El mundo espera que ese compromiso se mantenga en Copenhague. El programa incluye muchas cuestiones, entre otras, normas de eficiencia y subsidios directos para nuevas tecnologías. Una estrategia común debería incluir nuevos mecanismos de financiación innovadores tanto para la mitigación como para la adaptación en los países en desarrollo. No obstante, la fijación eficaz, justa y previsible del precio del carbono por medio de una combinación de mecanismos de límites máximos y comercio y otras formas de tributación sobre el carbono, deberá ser la principal prioridad del programa.
Solidaridad, seguridad, normativa
Autor : Abdou Diouf
Fecha : 5 February 2009
Una de las múltiples formas que reviste la solidaridad entre los ciudadanos del Norte y del Sur es la recogida y envío de bienes usados pero utilizables. Es esta una corriente de apoyo discreta, con efectos directos y muy apreciada por los beneficiarios, aunque cabe resaltar también que está mal considerada, mal cuantificada y cada vez más trabada
¿Habría otra manera de afrontar esta crisis? Saquemos de apuros a los pobres, no sólo a los bancos
Autor : Minouche Shafik
Fecha : 2 February 2009
En todas las crisis económicas, los pobres son quienes más sufren. Tanto las personas como los países pobres son los más vulnerables y quienes carecen de los ahorros y las instituciones que podrían ayudarlos en los momentos difíciles. En crisis anteriores, nuestras energías se centraron demasiado tarde en las consecuencias adversas que tuvieron para los pobres. ¿Seremos capaces de actuar de otro modo en esta ocasión
El desafío de la nutrición y lo que vi en India
Autor : Josette Sheeran
Fecha : 6 January 2010
La crisis financiera global y el alto precio de los alimentos significan cosas diferentes en diferentes lugares. En aquellas zonas del mundo donde el hambre avanza sin cesar, el impacto de esos dos fenómenos puede apreciarse en la existencia de estómagos vacíos y vidas marchitas. Por tales motivos, en mi reciente visita a India viajé a un remoto distrito llamado Chhatarpur, situado en el estado de Madhya Pradesh (MP), en el centro del país. Fui allí porque quería conocer en forma directa la lamentable situación en que se halla la población del centro mismo del hambre de India. Quería en especial conocer las experiencias de las mujeres de la zona. Como siempre ocurre en estas situaciones, las mujeres son las que están en la primera línea en la batalla contra el hambre.
Pago a la entrega
Autor : Jean-Michel Severino
Fecha : 7 December 2008
Por casualidad, he encontrado recientemente el mensaje de Nancy Birdsall sobre un nuevo instrumento promovido por el Centro para el desarrollo global (Center for Global Development), al que se ha llamado ayuda para el "pago a la entrega" (cash on delivery). De cierta manera (Nancy, cuyo Centro es un asociado de ID4D, tal vez desee corregirme si me equivoco o bien completar, si fuere necesario) es cercano conceptualmente de la "ayuda en función de los resultados", excepto que son más bien los poderes públicos y no los actores no gubernamentales los que están encargados de la entrega del "producto", y que la ayuda se convierte en una forma de prima a la entrega en lugar de un pago directo de los costes soportados.
Ayuda europea: ¿para qué y cómo?
Autor : Jean-Michel Severino
Fecha : 17 December 2008
Mis colegas están terminando de preparar una sesión de dos días de brainstorming acerca del futuro de la ayuda europea. Es una buena ocasión para abrir la discusión a sus participantes (e incluso más allá: ¡todos pueden sumarse a nosotros!) para reflejar la forma en que los europeos están considerando sus políticas frente al desarrollo: ¿para qué existen? ¿Cómo debemos proceder en este sentido? Aquí quiero proponer algunas reflexiones iniciales: Europa es un gigante de la ayuda al desarrollo. Sumando los fondos de los Estados miembros y de la Comunidad, la Unión Europea totalizó 46 mil millones de Euros en 2007, convirtiéndose de lejos en el principal contribuyente de este compromiso global. Esta cifra equivale a 93 Euros per cápita, comparada con los 53 y 44 Euros per cápita donados por Estados Unidos y Japón, respectivamente.
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